Evaluación del Desempeño: Cargos & Persona

En nuestros quehaceres cotidianos, ejecutivos y no ejecutivos, universitarios y no universitarios, nos encontramos con individuos verdaderamente patéticos en cuanto a su comportamiento o actitudes personales, en puestos claves o importantes en una organización. Desde luego que de una u otra manera, nos preguntamos como es posible que hayan llegado hasta allí, o como es posible que los principales responsables de esta institución no se den cuenta de semejante "fenómeno".

Pues definitivamente, esta reflexión debemos llevarla a nuestro espacio de análisis y propósitos ya que podría estar ocurriendo en nuestra organización o tal vez, de una u otra manera, en forma permanente u ocasional, podría estar caracterizándonos (al menos a ojos de nuestros clientes internos o externos).

Debe ser tema "grave" o prioritario, monitorear la manera en que se conducen los empleados de nuestra organización desde este punto de vista. Debemos reconocer que muchas personas olvidan o desvirtúan las atribuciones que circunstancialmente reciben para el desempeño de sus cargos y las convierten en una especie de super poderes, intentando someter, mal tratar o abusar de ellos en su relación con sus interlocutores. Si bien lo descripto podría rozar con lo obvio, pocas veces he visto planes gerenciales tendientes a controlar de una manera sistemática (y no solo reactiva ante reclamos o denuncias) este verdadero estigma organizacional.

Cuando se trata de administrar desembolsos, encabezar oficinas vinculadas a contrataciones públicas, decidir sanciones administrativas (multas) y temas afines, estos casos afloran una y otra vez. Lamentablemente hay superiores que apañan su existencia en nombre de la severidad o la "mano dura" necesaria para, supuestamente saber decir no o evitar claudicar ante presiones. En la realidad el daño producido a toda la organización es grande y pocas veces evaluado en sus consecuencias. Cuando se llevan a cabo los rimbombantes estudios de satisfacción al cliente o clima organizacional, pareciera que la esperanza renace para los que deben padecerlos. Sin embargo, luego de tecnicismos y sofisticadas definiciones cuantificadas en costosos softwares, se los ve permanecer en sus cargos o simplemente son reemplazados por otros. Es dificil comprender, estando en la segunda década del siglo 21 que estos individuos sobreviven, se reinventan o aparecen nuevamente.  Por esta razón, el autoritarismo en todas sus formas y la prepotencia deben ser tema con posiciones claras de parte de la alta gerencia o de la alta dirección de las organizaciones. La ciencia de la administración y todas sus ramas deben tener como centro al ser humano en todas sus dimensiones. Y al referirnos al ser humano, hablamos de su plenitud, de sus necesidades o búsquedas de satisfacción primarias y también las de los fines últimos, es decir su realización como persona. Hablamos de bienestar, dignidad, crecimiento interior, felicidad.  Muchos administradores e inclusive catedráticos de nuestra ciencia, ubican solo a la rentabilidad, costos, competencia, metas, objetivos, estratégias, tácticas o blancos de mercado, Y se equivocan si no conducen a lo primordial para la sociedad y cada uno de los individuos que la integran.

El exito auténtico, perdurable y que nos engrandecerá es el que se obtenga a la luz de valores humanos concretos y visibles. Mañana encontraremos a estos personajes tenebrosos por la calle y si los encaramos, nos dirán entre sonrisas timoratas que no era ellos sino que el cargo o su superior les obligaba a ser así. Otros se defenderán en nombre de haber tenido excesivo celo de la cosa administrada, pero definitivamente nada les justificará. Y seguirán su camino con el claro registro de la sociedad que los padeció, como lo que fueron.

Seamos claros y consecuentes con nuestra posición ante este tema. Encaremoslo con valentía y desición. No permitamos que en nuestras unidades de trabajo existan bajo ningún ropaje. La firmeza no se contrapone a la amabilidad, al respeto, a la consideración. Así entonces deberán conocernos propios y extraños y, de manera auténtica, si nuestro desempeño fue el correcto en este sentido, nos reconocerán y valorarán durante y después de nuestro circunstancial desempeño gerencial que nos ha tocado tener.

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